Estudiantes mexicanos presentan una evaluación escolar relacionada con PISA 2025Los resultados de PISA 2025 muestran que México debe mejorar la conversión de cobertura escolar en aprendizajes efectivos.

La OCDE publicó el 8 de septiembre de 2026 los resultados de PISA 2025, evaluación aplicada a estudiantes de 15 años en 91 países y economías. México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias; los dos primeros resultados fueron inferiores a los de 2022 en términos de puntaje, mientras que ciencias se mantuvo prácticamente estable. En las tres áreas, el país quedó por debajo del promedio de la OCDE.

El dato importa menos por la posición que México ocupa en una clasificación que por la cantidad de estudiantes que llega al final de la educación básica sin dominar competencias esenciales. PISA mide si los jóvenes pueden interpretar información, resolver problemas y aplicar conocimientos a situaciones de la vida real. Esas capacidades influyen en la continuidad escolar, el acceso a empleos técnicos y la posibilidad de que las empresas encuentren trabajadores capaces de adaptarse a procesos digitales y tecnológicos.

En breve

  • México registró 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias en PISA 2025.
  • Frente a 2015, aumentó la proporción de estudiantes por debajo del nivel básico en matemáticas y lectura; en ciencias no hubo un cambio significativo.
  • La política educativa enfrenta el desafío de combinar cobertura, recuperación de aprendizajes y reducción de brechas sociales y de género.

Una trayectoria larga con un deterioro reciente

México participa en PISA desde 2000. En lectura obtuvo 422 puntos en aquella primera edición; alcanzó 425 en 2009, pero descendió a 420 en 2018, 415 en 2022 y 408 en 2025. En matemáticas, cuya serie comparable comienza en 2003, pasó de 385 puntos a 419 en 2009, antes de bajar a 409 en 2018, 395 en 2022 y 388 en 2025. En ciencias, los resultados se han mantenido alrededor de una franja relativamente estable: 410 puntos en 2006, 419 en 2018, 410 en 2022 y 414 en 2025.

La comparación no debe leerse de forma mecánica. La OCDE advierte que entre 2015 y 2025 creció la proporción de jóvenes de 15 años incorporados a la población escolar evaluada. Es decir, México amplió la participación de estudiantes de sectores que antes estaban excluidos o tenían menor probabilidad de permanecer en la escuela. Esa expansión puede reducir el promedio nacional, aunque también representa un avance de inclusión.

Sin embargo, la explicación demográfica o de cobertura no elimina el problema. La OCDE señala que los resultados de los estudiantes más favorecidos también se deterioraron, aunque menos de lo que sugiere la comparación simple de promedios. Por ello, el reto combina dos tareas: sostener la incorporación de adolescentes al sistema y mejorar lo que aprenden dentro de las aulas.

El problema central está debajo del nivel básico

En matemáticas, sólo alrededor de 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel 2 de desempeño, frente a 65% en el promedio de la OCDE. Ese umbral representa la capacidad de interpretar situaciones sencillas, comparar alternativas, hacer conversiones básicas y aplicar procedimientos elementales a problemas cotidianos. Casi no hubo estudiantes mexicanos en los niveles 5 y 6, considerados de alto desempeño, mientras que el promedio de la OCDE fue de 8%.

En lectura, la brecha también es amplia. El resultado de 408 puntos se ubicó 53 puntos por debajo del promedio de la OCDE, que fue de 461. En ciencias, México obtuvo 414 puntos frente a 482 de la organización; sólo la mitad de los estudiantes alcanzó el nivel 2 o superior, en comparación con 74% en la OCDE.

La evolución desde 2015 ofrece una señal adicional: la proporción de estudiantes por debajo del nivel 2 aumentó 13 puntos porcentuales en matemáticas y ocho puntos en lectura. En ciencias no cambió de forma estadísticamente significativa. Esto significa que el sistema no sólo tiene pocos alumnos en la parte alta de la distribución; también concentra una masa considerable de jóvenes que enfrenta dificultades para continuar aprendizajes más complejos.

Brechas de género y origen social

Los resultados muestran diferencias relevantes por género. En matemáticas, los varones superaron a las mujeres por 16 puntos en México. En lectura ocurrió lo contrario: las mujeres aventajaron a los hombres por 12 puntos. La diferencia mexicana en lectura fue menor que la brecha promedio de 30 puntos observada entre niñas y niños en la OCDE, pero sigue siendo importante para las trayectorias educativas y laborales.

El origen socioeconómico también se relaciona con el desempeño. En ciencias, los estudiantes mexicanos ubicados en el cuartil socioeconómico más favorecido superaron por 68 puntos a quienes se encontraban en el cuartil más desfavorecido. El nivel socioeconómico explicó 11.9% de la variación en el desempeño científico, una proporción cercana al promedio de la OCDE.

La diferencia de 68 puntos es menor que la brecha promedio de 85 puntos en la OCDE, pero eso no implica que la desigualdad sea menor en términos absolutos. Una parte importante de los estudiantes mexicanos se ubica en los niveles internacionales más bajos de la escala socioeconómica, y sus resultados absolutos permanecen por debajo de los de jóvenes con condiciones similares en países como Turquía o las regiones chinas participantes.

Qué significa para la educación media y el trabajo

El bajo dominio de habilidades básicas puede producir efectos acumulativos. Un estudiante que termina la secundaria sin comprender textos informativos o resolver problemas matemáticos sencillos enfrenta mayores dificultades en el bachillerato, la educación técnica y la capacitación para el empleo. La consecuencia no es automática ni determina el futuro de cada joven, pero sí eleva el costo de las trayectorias educativas posteriores.

Para las empresas, el problema aparece en la necesidad de invertir más en nivelación, capacitación inicial y acompañamiento. Para el gobierno, implica que las políticas de educación media no pueden limitarse a aumentar la matrícula. También deben medir si los estudiantes comprenden los contenidos, reducir el abandono y articular la formación general con habilidades técnicas, digitales y científicas.

La evaluación incluyó además resolución computacional de problemas. México obtuvo 453 puntos, por debajo del promedio de la OCDE de 500. Este resultado no equivale a medir únicamente el acceso a dispositivos o el uso de inteligencia artificial: evalúa la capacidad de resolver problemas en entornos digitales. La brecha resulta relevante para una economía que busca atraer inversión tecnológica y avanzar en actividades de mayor valor agregado.

El reto de política pública

Los resultados sugieren que la respuesta no debe concentrarse en cambiar una asignatura, distribuir más dispositivos o preparar a los estudiantes para una prueba. Se necesita una estrategia de recuperación de aprendizajes fundamentales con diagnóstico frecuente, apoyo específico a escuelas con mayores carencias, formación docente y continuidad entre primaria, secundaria y educación media.

También conviene distinguir entre igualdad de acceso e igualdad de resultados. México ha ampliado la participación escolar de adolescentes, pero PISA muestra que permanecer en la escuela no garantiza adquirir las herramientas necesarias para estudiar, trabajar o innovar. La política educativa debe atender esa conversión pendiente: transformar años de escolaridad en capacidades efectivas.

La OCDE reportó algunos elementos favorables. En México, 80% de los estudiantes dijo sentir curiosidad por diversos temas, frente a 73% en el promedio de la organización, y 76% afirmó que realiza un esfuerzo adicional cuando el trabajo se vuelve difícil, contra 60% en la OCDE. El desafío es convertir esa disposición en mejores aprendizajes mediante escuelas capaces de sostener la motivación, ofrecer retroalimentación y atender las diferencias de origen.

En ese sentido, PISA 2025 no sólo entrega un diagnóstico de rezago. También plantea una decisión de política: si México quiere aprovechar la relocalización industrial, elevar la productividad y construir capacidades propias de innovación, deberá fortalecer desde la educación básica las competencias que hacen posible aprender durante toda la vida.

Fuentes consultadas

Por Editor

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