Ingenieros trabajan en el ensamble de servidores para inteligencia artificial en una planta tecnológica de MéxicoMéxico participa en el ensamble de infraestructura para inteligencia artificial, pero busca avanzar hacia diseño, propiedad intelectual y capacidades de cómputo propias.

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sostuvo el 2 de septiembre de 2026 reuniones con Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia; Sam Altman, de OpenAI; Tom Brown, cofundador de Anthropic, y Howard Lutnick, secretario de Comercio de Estados Unidos, durante la reunión de ministros de Innovación del G20 en Chapel Hill, Carolina del Norte. Como resultado, Ebrard y Huang acordaron organizar una visita del directivo de Nvidia a México para explorar el desarrollo de capacidades y el despliegue de inteligencia artificial en el país.

El anuncio coloca a México ante una oportunidad industrial relevante, pero también obliga a distinguir entre fabricar infraestructura para inteligencia artificial y desarrollar la tecnología que la hace posible. México ya participa en el ensamble de servidores de alto rendimiento basados en plataformas de Nvidia, aunque los datos disponibles no muestran que el país fabrique los procesadores gráficos centrales ni controle el diseño de las arquitecturas que sostienen esos equipos.

Qué se fabrica actualmente en México

La evidencia pública más concreta apunta a Foxconn. En abril de 2025, Nvidia confirmó a través de su director para Latinoamérica que en México ya se ensamblaban sistemas GB200 NVL72, una infraestructura que integra superchips Grace Blackwell, redes de alta velocidad y sistemas de refrigeración líquida. La producción estaba vinculada principalmente a la demanda internacional y no al mercado mexicano.

El sistema GB200 NVL72 no es un chip individual, sino un conjunto de servidores y componentes de centro de datos diseñado para entrenar y ejecutar modelos avanzados de inteligencia artificial. Su fabricación requiere integración de tarjetas, cableado, fuentes de energía, sistemas térmicos, redes y pruebas. En esa etapa, la ventaja mexicana está en la manufactura de sistemas complejos, la logística y la cercanía con Estados Unidos.

Foxconn también construye una nueva planta en Jalisco, con una inversión reportada cercana a 900 millones de dólares y una entrada en operación prevista para 2026. La información publicada por Expansión identifica al municipio de Tonalá como la ubicación del proyecto, aunque la empresa no ha divulgado públicamente todos los detalles sobre modelos, volúmenes, proveedores y contenido nacional.

La cadena mexicana no se limita a Foxconn. Flex anunció una inversión de mil millones de dólares entre 2026 y 2028 para desarrollar centros de datos de inteligencia artificial en Guadalajara, Aguascalientes y Ciudad Juárez, con una proyección de más de 5 mil empleos directos. Sin embargo, este proyecto debe entenderse como una ampliación de la capacidad de infraestructura y manufactura, no como evidencia de que México controle el diseño de los aceleradores o de los modelos de IA instalados en esos centros.

El límite: exportar mucho no significa capturar todo el valor

El principal desafío económico es medir cuánto valor permanece en México después del ensamble. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos señaló en 2026 que el ecosistema mexicano de semiconductores se concentra sobre todo en diseño, ensamble, pruebas y empaquetado. También identificó una alta dependencia de insumos importados y una participación todavía limitada de proveedores nacionales.

La dimensión del problema puede observarse en los datos de comercio en valor agregado de la OCDE. En 2020, 70.7% del valor de las exportaciones mexicanas de tecnologías de información, comunicación y electrónica correspondía a contenido extranjero. Ese dato no mide de manera específica los servidores de Nvidia, pero sí ofrece un parámetro para entender por qué el valor bruto de las exportaciones tecnológicas no equivale automáticamente a propiedad intelectual, utilidades o capacidades nacionales.

En otras palabras, un servidor de inteligencia artificial puede salir de una planta mexicana con un valor comercial elevado, mientras buena parte de sus componentes, diseños, patentes y plataformas de software se originan en otros países. México captura salarios, servicios industriales, logística, impuestos y parte de la operación productiva; la mayor rentabilidad suele concentrarse en el diseño de chips, el software, las licencias, la propiedad intelectual y la operación de las plataformas digitales.

Los datos de Data México muestran que la industria de fabricación de semiconductores y componentes electrónicos cuenta con cientos de unidades económicas, con presencia relevante en Baja California, Sonora, Jalisco y Chihuahua. Esta base industrial es una ventaja, pero no debe confundirse con la existencia de una cadena completa de semiconductores. La fabricación de obleas, el empaquetado avanzado, el diseño de aceleradores y la producción de memoria de alto desempeño requieren inversiones, equipo y capacidades que todavía no están plenamente instalados en el país.

Qué tendría que cambiar para subir de nivel

El primer requisito es el talento. La manufactura de servidores necesita técnicos, ingenieros de procesos y especialistas en pruebas; el desarrollo de IA exige además arquitectos de cómputo, diseñadores de circuitos, expertos en sistemas operativos, compiladores, redes, seguridad, modelos fundacionales y ciencia de datos. La OCDE recomienda fortalecer la educación STEM, actualizar los planes universitarios y técnicos, formar instructores y reducir la fuga de talento.

El segundo requisito es convertir la investigación en propiedad intelectual. En febrero de 2025, el gobierno federal anunció el Centro Nacional de Diseño de Semiconductores Kutsari, con sedes proyectadas en Puebla, Jalisco y Sonora. El proyecto contempla acelerar la protección y comercialización de patentes, así como preparar una segunda etapa relacionada con la fabricación. Su relevancia dependerá de que los diseños lleguen a empresas, productos y contratos comerciales, y no se queden únicamente en laboratorios o convocatorias públicas.

La alianza anunciada en 2025 entre la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación e Intel también apunta en esa dirección. El acuerdo incluye colaboración en semiconductores, supercómputo, inteligencia artificial, transferencia de conocimiento y formación especializada. Intel cuenta con un centro de diseño en Guadalajara, por lo que el reto es aprovechar esa experiencia para formar ingenieros y generar proyectos que incorporen a universidades y empresas mexicanas.

El tercer requisito es la infraestructura. Los centros de datos de IA demandan electricidad continua, redes de alta capacidad, agua para procesos de enfriamiento y reglas claras para permisos. La OCDE identifica precisamente la energía, el agua y la logística como factores que pueden limitar nuevas inversiones. Sin energía confiable y competitiva, México puede atraer plantas de ensamble, pero tendrá dificultades para hospedar cómputo intensivo, entrenar modelos propios o prestar servicios regionales de IA.

También será necesario definir una política de compras públicas y datos. El gobierno puede crear demanda para soluciones mexicanas en salud, educación, seguridad, administración tributaria y manufactura, siempre con criterios de transparencia, interoperabilidad y protección de datos. Esa demanda ayudaría a que las empresas locales no dependan exclusivamente de contratos de ensamble para compañías extranjeras.

Una oportunidad industrial, no todavía una autonomía tecnológica

El encuentro de Ebrard con Huang tiene valor diplomático y económico porque vincula la agenda mexicana de relocalización con una empresa que domina buena parte de la infraestructura mundial de IA. También puede acelerar inversiones, capacitación y acuerdos con proveedores. Pero una visita empresarial no equivale a una transferencia tecnológica ni a un compromiso de fabricar chips en México.

Para que el anuncio se traduzca en capacidades propias, los acuerdos tendrían que incluir metas verificables: número de ingenieros capacitados, centros de investigación financiados, patentes registradas, proveedores mexicanos incorporados, compras locales, proyectos de software desarrollados en el país y capacidad de cómputo disponible para universidades y empresas nacionales.

La oportunidad para México está en subir por la cadena de valor, no en abandonar la manufactura. El ensamble de servidores puede ser una plataforma de aprendizaje y una fuente de inversión. El riesgo consiste en que se convierta en un enclave productivo: plantas con exportaciones crecientes, pero con poca investigación local, escasos proveedores nacionales y dependencia de diseños, chips y software importados. La visita de Jensen Huang puede abrir la puerta; la política industrial definirá cuánto valor logra conservar México.

En breve

  • Marcelo Ebrard acordó organizar una visita de Jensen Huang a México tras reunirse con él en el G20 de Chapel Hill el 2 de septiembre de 2026.
  • Foxconn ya ensambla en México sistemas GB200 NVL72 de Nvidia, mientras Flex prepara inversiones para centros de datos de inteligencia artificial.
  • El salto hacia capacidades propias dependerá de talento especializado, diseño de semiconductores, propiedad intelectual, energía, agua, centros de datos y proveedores nacionales.

Fuentes consultadas

Por Editor

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