Marcelo Ebrard y Jamieson Greer durante la negociación arancelaria entre México y Estados Unidos en MilwaukeeMéxico busca reducir aranceles sectoriales y conservar el trato preferente del T-MEC, pero aún no se anuncia un acuerdo final.

Marcelo Ebrard, secretario de Economía de México, informó el jueves 1 de octubre de 2026 que México y Estados Unidos acercaron posiciones durante una reunión con Jamieson Greer, representante comercial estadounidense, celebrada en Milwaukee, Wisconsin, al margen de la ministerial de Comercio del G20. El encuentro abrió espacio para avanzar en la negociación arancelaria México-Estados Unidos, pero no derivó en un acuerdo final ni anunció cambios inmediatos a las condiciones que enfrentan las exportaciones mexicanas.

La diferencia entre ambos hechos es relevante. El mensaje político de una conversación productiva puede mejorar el ambiente de la negociación, pero no sustituye un instrumento jurídico, una modificación administrativa de Washington o una decisión formal que precise qué mercancías quedan exentas, cuáles tendrán una reducción y bajo qué reglas se aplicará el trato preferente del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, conocido como T-MEC.

En breve

  • Qué ocurrió: Ebrard reportó avances y una aproximación de posiciones después de reunirse durante casi una hora con Greer en Milwaukee.
  • Qué sigue pendiente: México busca reducir los aranceles sectoriales que afectan a automóviles, acero, aluminio y cobre, además de preservar el acceso preferente para los bienes que cumplen las reglas del T-MEC.
  • Qué no ha ocurrido: no se informó la firma de un acuerdo definitivo ni la entrada en vigor de nuevas excepciones para los exportadores mexicanos.

La negociación todavía debe convertirse en reglas aplicables

De acuerdo con lo reportado por la Secretaría de Economía y con la cobertura de la reunión, la prioridad mexicana tiene dos componentes. El primero es disminuir el impacto de las medidas estadounidenses asociadas con la Sección 232, un mecanismo de la legislación comercial de Estados Unidos utilizado para imponer restricciones por motivos de seguridad nacional. El segundo consiste en mantener la ventaja relativa de México frente a otros socios comerciales cuyos productos ingresan al mercado estadounidense bajo condiciones menos favorables.

Ebrard planteó que los productos mexicanos tienen un grado importante de integración con Estados Unidos. Esa interdependencia es uno de los argumentos de México para defender un tratamiento diferenciado: buena parte de los insumos, componentes y bienes intermedios utilizados por empresas mexicanas proviene de Norteamérica, por lo que una barrera aplicada al producto final también puede elevar costos para fabricantes y proveedores estadounidenses.

Sin embargo, la existencia de cadenas productivas integradas no garantiza por sí misma una exención. Para los exportadores, el dato decisivo será la publicación de reglas concretas: porcentajes, certificados de origen, procedimientos aduaneros, fechas de aplicación, mecanismos de revisión y posibles cuotas o límites. Mientras esos elementos no se conozcan, el anuncio de acercamientos funciona como una señal diplomática, no como alivio arancelario asegurado.

Automóviles, acero, aluminio y cobre concentran el riesgo

La industria automotriz es uno de los sectores más expuestos porque combina comercio de vehículos terminados con un flujo transfronterizo de autopartes, acero, aluminio, componentes eléctricos y materias primas. Una modificación arancelaria puede afectar no sólo a las armadoras, sino también a proveedores de primer y segundo nivel, transportistas, empresas logísticas y plantas que dependen de entregas sincronizadas entre México, Estados Unidos y Canadá.

En acero y aluminio, el efecto puede transmitirse por varias vías. Un arancel sobre el insumo importado eleva el costo de producción; una restricción al producto terminado reduce el margen del exportador; y una regla de origen más exigente obliga a revisar proveedores y procesos. En el caso del cobre, la incertidumbre es especialmente relevante para sectores vinculados con cableado, equipo eléctrico, electrónica, infraestructura y manufactura avanzada.

Por ello, la negociación no sólo interesa a las grandes empresas exportadoras. También puede influir en decisiones de inversión, contratación, inventarios y localización de nuevas líneas de producción. Si las compañías no conocen las reglas definitivas, pueden retrasar compromisos o trasladar parte del costo a proveedores y consumidores. En cambio, una solución estable y verificable daría mayor certidumbre para planear compras, contratos y proyectos industriales.

El T-MEC es el centro de la discusión

La disputa arancelaria ocurre mientras México, Estados Unidos y Canadá revisan el funcionamiento del T-MEC. En julio, los gobiernos mexicano y estadounidense confirmaron que las conversaciones bilaterales incluían seguridad económica, trabajo, agricultura, servicios de pagos electrónicos, acero, aluminio, productos derivados y automóviles. También acordaron mantener el diálogo técnico y continuar con nuevas rondas de negociación.

La posición mexicana busca que el cumplimiento de las reglas del tratado se traduzca en un trato preferente. Esto supone que una empresa que acredita el origen regional de sus mercancías no enfrente la misma carga que un proveedor situado fuera de Norteamérica. No obstante, la revisión del acuerdo también incorpora preocupaciones estadounidenses sobre cadenas de suministro, capacidad industrial, contenido regional y la participación de países que no forman parte del tratado.

La propia agenda del G20 muestra que Washington está vinculando la política comercial con la reindustrialización, la seguridad de las cadenas de suministro y el combate a la sobrecapacidad industrial. En sus declaraciones oficiales sobre la ministerial, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos colocó los aranceles y los acuerdos bilaterales dentro de una estrategia para modificar el equilibrio comercial y reforzar la producción interna. Ese enfoque ayuda a explicar por qué México no negocia únicamente una reducción técnica, sino una excepción compatible con las prioridades industriales de la administración estadounidense.

Diversificación comercial como respuesta paralela

Durante su participación en Milwaukee, Ebrard también informó sobre futuras misiones de empresarios mexicanos a la Unión Europea y Canadá. Para Europa se prevé una misión comercial en la primavera de 2027, vinculada con la modernización del acuerdo comercial. El objetivo es abrir oportunidades adicionales de exportación y reducir la dependencia de un solo mercado.

La diversificación no sustituye la relación con Estados Unidos. Más de 85% de las exportaciones mexicanas se dirigen a ese país, según los datos citados en la cobertura de la reunión, de modo que ninguna misión comercial puede compensar rápidamente un cambio adverso en Washington. Pero sí puede funcionar como una herramienta de negociación y como una política de mediano plazo para que las empresas mexicanas tengan más opciones frente a episodios de incertidumbre arancelaria.

El siguiente indicador para medir el avance será la publicación de un acuerdo, una orden, una resolución o una guía operativa con efectos verificables. Hasta entonces, la negociación arancelaria México-Estados Unidos permanece en una etapa de acercamiento político: hay diálogo, prioridades identificadas y canales de trabajo, pero los exportadores siguen esperando reglas firmes para saber cuánto costará vender en Estados Unidos y bajo qué condiciones.

Fuentes consultadas

Por Editor

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