La presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, sostuvieron el miércoles 9 de septiembre de 2026 una conversación virtual sobre la relación comercial entre México y Estados Unidos, después de que el funcionario estadounidense no pudiera completar su vuelo a la Ciudad de México por condiciones meteorológicas. En el intercambio también participó el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien informó que la conversación fue útil para las negociaciones en curso. El encuentro ocurrió mientras ambos gobiernos preparan la revisión conjunta del T-MEC y discuten por separado los aranceles al acero, aluminio y sector automotor.
El dato central no es solamente que la reunión haya cambiado de formato. La llamada confirma que la agenda comercial norteamericana se está desarrollando en dos carriles: por un lado, el procedimiento previsto en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá; por otro, una negociación bilateral en la que Washington busca modificar condiciones de acceso al mercado, reducir su déficit comercial y reforzar controles sobre cadenas de suministro.
En breve
- Sheinbaum y Lutnick conversaron el 9 de septiembre por videoconferencia; Marcelo Ebrard estuvo presente.
- México busca mejores condiciones para acero, aluminio y automóviles, además de evitar nuevos gravámenes.
- No todos los aranceles estadounidenses forman parte del T-MEC: varias medidas derivan de instrumentos comerciales y de seguridad económica aplicados fuera del tratado.
Una negociación con dos pistas
La revisión del T-MEC tiene una base jurídica específica. El tratado entró en vigor el 1 de julio de 2020 y establece una revisión conjunta seis años después, en 2026. El proceso no implica que el acuerdo desaparezca de manera automática si las partes no alcanzan un entendimiento inmediato, pero sí abre una ventana para evaluar su funcionamiento, plantear modificaciones y discutir si continuará vigente bajo las condiciones pactadas.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, conocida como USTR, ha señalado que las conversaciones de 2026 incluyen reglas de origen para automóviles, acero y aluminio, seguridad económica, agricultura y condiciones de competencia. En mayo, Estados Unidos y México concluyeron la primera ronda bilateral vinculada con la revisión conjunta y anunciaron que continuarían trabajando en Washington y Ciudad de México.
Ese proceso formal convive con medidas que no necesariamente nacen del T-MEC. Los aranceles aplicados bajo la Sección 232 de la legislación comercial estadounidense se justifican en Washington por razones de seguridad nacional. También existen otras tarifas y restricciones vinculadas con déficit comercial, migración, tráfico de fentanilo o reciprocidad comercial. Su fundamento no es el mismo que el de las reglas de origen, el acceso preferencial o los mecanismos de solución de controversias del tratado.
La distinción es relevante para México. Un producto que cumple con las reglas del T-MEC puede tener derecho a una preferencia arancelaria bajo el acuerdo, pero esa preferencia no necesariamente lo exenta de una medida aplicada por Estados Unidos con otra base legal. Por eso la estrategia mexicana busca resolver tanto los asuntos interpretativos del tratado como los gravámenes sectoriales negociados fuera de su marco.
Qué está defendiendo México
La presidenta Sheinbaum ha planteado que México quiere conservar el acuerdo trilateral porque la integración regional beneficia a los tres países. Sin embargo, también ha establecido límites políticos: cualquier entendimiento debe proteger la soberanía y evitar afectaciones a la economía mexicana. Esa posición convierte la negociación en algo más amplio que una discusión técnica sobre porcentajes de contenido regional.
El acero y el aluminio son sectores particularmente sensibles porque abastecen a la industria automotriz, la construcción, los electrodomésticos y otros segmentos manufactureros. Un arancel puede elevar costos para exportadores mexicanos, pero también encarecer insumos para empresas estadounidenses que dependen de cadenas productivas integradas. México ha utilizado ese argumento para sostener que la relación no puede medirse únicamente por el déficit comercial de bienes.
En el caso automotor, la exposición es mayor por el peso de las plantas ensambladoras y de los fabricantes de autopartes instalados en México. Las reglas de origen del T-MEC exigen que una proporción determinada del valor de los vehículos y sus componentes provenga de Norteamérica. Washington busca endurecer la protección frente a productos o insumos provenientes de países que no forman parte del acuerdo, mientras México necesita evitar que nuevas exigencias vuelvan menos competitiva su plataforma exportadora.
La Secretaría de Economía también ha señalado que la conversación incluye seguridad y resiliencia de las cadenas de suministro, minerales críticos y manufactura regional. Estos temas conectan la política comercial con la política industrial: ya no se trata únicamente de facilitar el intercambio, sino de decidir qué inversiones, tecnologías y proveedores deben permanecer dentro de América del Norte.
El factor político de la revisión
La reunión virtual entre Sheinbaum y Lutnick se realizó después de que Estados Unidos optara por negociar bilateralmente con México y Canadá, en un contexto de tensiones comerciales entre Washington y Ottawa. Para México, mantener el T-MEC como un acuerdo de tres países sigue siendo una prioridad, aunque las conversaciones prácticas estén separadas.
La bilateralización tiene ventajas y riesgos. Permite a México concentrarse en sus propios intereses y evitar que los desacuerdos entre Estados Unidos y Canadá bloqueen toda la agenda. Pero también reduce la capacidad de los socios para presentar una posición coordinada frente a Washington. En términos de poder de negociación, cada país queda más expuesto a presiones específicas sobre sectores, déficit, inversión y política económica.
Para las empresas mexicanas, el principal riesgo no es sólo un arancel puntual. También existe incertidumbre sobre las reglas que definirán el origen de los insumos, la participación de capital extranjero, la supervisión laboral y las condiciones para recibir preferencias comerciales. Las compañías que exportan a Estados Unidos deberán revisar sus cadenas de suministro, documentación de origen y dependencia de insumos asiáticos, incluso si el T-MEC permanece vigente.
Qué sigue después de la llamada
Ebrard tiene previsto continuar las conversaciones con funcionarios estadounidenses en Washington. El siguiente paso será traducir el contacto político entre Sheinbaum y Lutnick en acuerdos técnicos sobre acero, aluminio, automóviles, barreras no arancelarias y seguridad económica. Hasta ahora, no se ha anunciado un pacto definitivo ni una eliminación general de aranceles.
La señal más importante es que la revisión del T-MEC no avanzará como un trámite aislado. Será parte de una negociación más amplia sobre el modelo productivo de Norteamérica y sobre la capacidad de cada gobierno para definir su política económica. México llega con la ventaja de una integración industrial profunda con Estados Unidos, pero también con la necesidad de demostrar que esa interdependencia genera beneficios compartidos y no sólo exportaciones hacia el mercado estadounidense.
Fuentes consultadas
- Secretaría de Economía: declaración conjunta sobre la tercera ronda bilateral del T-MEC, 23 de julio de 2026.
- USTR: primera ronda bilateral relacionada con la revisión conjunta del USMCA, 29 de mayo de 2026.
- USTR: proceso de consulta para la revisión conjunta del USMCA.
- Agencia EFE: declaraciones de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard sobre el T-MEC y la conversación con Howard Lutnick, 9 de septiembre de 2026.
- El Financiero: cambio de formato de la reunión Sheinbaum-Lutnick, 9 de septiembre de 2026.
